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Fuente: Media-tics

Mediaset y Atresmedia estarían valorando la posibilidad de cobrar a los espectadores por acceder a sus contenidos más exclusivos. ¿Tiene futuro una televisión en abierto de pago, a pesar de ser una contradicción en sí misma?
La televisión en abierto lo es precisamente porque acceder a sus contenidos no tiene coste: es algo ‘abierto’ a todos los espectadores que se encuentren en el área geográfica cubierta por la emisión de esos canales. La gratuidad de estos canales se compensa con la inserción de bloques publicitarios a menudo molestos, pero imprescindibles para asegurar que el modelo siga siendo gratuito. Los espectadores asumen este contrato, o al menos lo han hecho durante las casi tres décadas de televisión en abierto en mercados como España. Pero parece que el contrato está a punto de saltar por los aires. Y parece que los canales son los que menos culpa tienen: ellos continúan cumpliendo su parte, mientras que los espectadores empiezan a saltarse la suya.

A medida que el acceso a los contenidos en abierto se hace a través de dispositivos inteligentes que permiten grabar contenidos y saltarse la publicidad, el valor de los anuncios decrece, aunque en las cuentas de resultados todavía no se haya notado con vehemencia. El entorno no ayuda, con una publicidad digital en constante crecimiento y ofreciendo a los anunciantes datos de incalculable valor tanto de los receptores de los anuncios como del propio rendimiento de su inversión. La televisión, si bien mide con cierto detalle el comportamiento publicitario, está a años luz de la concreción de la Red. La llamada televisión direccionable busca compensar este desequilibrio y aplicar a la pequeña pantalla (o a ‘las pequeñas pantallas’, en plural) el modelo publicitario digital.

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